Mi nombre es Maximiliano Luis Freites y soy psicólogo egresado de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina). Resido en Berlín desde el 2008 y casi inmediatamente comencé a trabajar en mi profesión. Ya tengo experiencia propia (y mucha a través de otros) de lo que significa llegar a un país nuevo y distinto. La inmigración es un proceso muy difícil y pesado. Por un lado, uno llega a un nuevo lugar con una cultura e idioma distinto. Esto requiere mucho esfuerzo para aprender y adaptarse al nuevo ámbito. Por otro lado, uno ha dejado su cuidad, su familia, sus amigos y sus costumbres, es decir, el lugar donde uno se sentía más acorde. Entonces, también se tiene que hacer un duelo por el confort que se dejó. Este doble proceso, el de aprender lo nuevo y asumir lo dejado, suele alterar nuestro equilibrio. ¿De qué forma se hacen visibles estas alteraciones? Con la reaparición de problemas que uno creía haber resuelto, o que persistían, pero lo teníamos bajo control; o nuevos síntomas de los cuales antes nunca habíamos tenido.
La inmigración no es la causa de nuestros problemas, pero ésta nos insume mucha energía, dejándonos más o menos desamparados ante la nueva realidad.
Las problemáticas típicas que suelen llegar a consulta son:
- Problemas de pareja: en la comunicación (alemán-español), dicusiones o rupturas.
- Ansiedad, fobias, ataques de pánico.
- Depresión, baja autoestima, desmotivación, falta de sentido en lo que uno hace.
- Adicciones: como manera de evadirse de una realidad insatisfactoria.
y algunas otras más. No es mi intensión aquí ser exhaustivo.